jueves, 30 de octubre de 2008

la mujer de la foto



Alba Rosa podría haber gritado, pero su madre le enseñó a callar, a no llorar, a obedecer.


Porque Alba Rosa era una dama, una señora de campo, un capullo blanco con venas de pasión y surcos en la piel angustiados de furia.


Alba Rosa nunca me conoció realmente y por eso murió en paz, vitrificada de armonía, tan alba, tan rosa, callada, velada… una de mis tres abuelas.

3 comentarios:

Goyette Dos Gallos dijo...

Es un silencio conocido, que bordea está América, la suya, la mía.

Mis respetos.

Vicuña dijo...

nunca te habia leido algo asi... es muy lindo... muy , muy lindo

Te amo

B!

Cami dijo...

es rico saber y tomar conciencia de que en el hoy si podemos gritar, auqnue no falta el que nos quiere mantener en silencio.

Saludos Lo, lindo lo que escribiste